¿Cómo hemos viajado?

El compromiso que adquiere una población con sus habitantes es el de asegurar el bienestar de todos los que la forman. Las ciudades dotan a sus ciudadanos de servicios básicos que contribuyen a la mejora de la calidad de vida facilitando el abastecimiento de agua, el alumbrado y el suministro de energía, la pavimentación de las calles, la recogida de basuras y el transporte público.

Al contrario que en las grandes capitales como Madrid o Barcelona donde tales necesidades son subsanadas en parte en las últimas décadas decimonónicas, las poblaciones castellanas, menos desarrolladas y con una burguesía todavía poco influyente, deben de esperar unos cuantos años más a que los servicios se estandaricen y solucionen las deficiencias públicas en higiene y movilidad.

Tras esta breve introducción, la temática de este artículo va a girar sobre el transporte público en Valladolid durante el siglo XX. Nos ayudará a conocer cómo el Ayuntamiento velaba por facilitar a sus ciudadanos el derecho a circular libremente por el conjunto del espacio urbano y averiguar qué clase de vehículos se utilizaban para este propósito.

Tranvía de tracción animal. Calle Santiago. Década de 1900.
AMVA: Colección Gilardi.  G 012

En el tránsito del siglo XIX al XX, Valladolid contaba con una población aproximada de 70.000 habitantes formada por una incipiente burguesía, unos cuantos proletarios y una gran masa agraria. Los transportes que utilizaban no eran muy variados, los carros de trabajo llevados por bueyes o mulas y los coches de caballos dominaban las travesías. En estos primeros años surge el tranvía con unas características más semejantes a las del carro que a las del vehículo comunitario. Avanzaba con lentitud sobre raíles insertos en la calzada y solían tirar de él unas mulas por ser animales más apropiados para transportar cargas.

En septiembre de 1910 se pone en marcha el tranvía eléctrico en Valladolid. El nuevo vehículo se aproxima más a un tren al que se enganchan vagones de acuerdo con la estratificación social de los clientes. El acontecimiento adquiere dimensiones de verdadera revolución técnica e incluso toma tintes sobrenaturales como recoge la crónica de El Norte de Castilla el día de la inauguración: “la capital de Castilla, Valladolid tan amado, puede con justicia ostentar el orgullo del esfuerzo cumplido al sentir estremecido su suelo con el trepidar vertiginoso de unos bellos vehículos endiablados movidos solamente por un rayo de luz”.

Vista de la Avenida de Alfonso XIII con tranvía. (Acera Recoletos). Década de 1910.
AMVA: Fotografías del Archivo. PR 044

El tranvía se descartó pronto como el futuro de las comunicaciones internas dentro de la ciudad porque taxis y autobuses, al no necesitar raíles, ofrecían mayor libertad de movimientos tanto a conductores como a usuarios. El olvido apartó para siempre este medio de locomoción en 1955, fecha fatídica en la que se eliminaron las vías relegando al tranvía a un nostálgico recuerdo.

Mientras el tranvía pierde progresivamente usuarios, muchos propietarios de coches de caballos se embarcan en empresas de transporte privado. Según transcurren los tiempos, los caballos son sustituidos por vehículos a motor, el propietario marca las tarifas y se producen abusos considerables que conllevan conflictos. Durante las primeras décadas del siglo XX, Valladolid carece de normas y legislación definitiva que regule la situación de los taxistas.

Dos personas junto a un taxi. 1935/36.
AMVA: Colección Ulises Asimov (seudónimo). UA 0061

En 1936 estalla la Guerra Civil. Valladolid cuenta entonces con una población extensa, en torno a los 100.000 habitantes. En la capital de Castilla se aglutinan batallones militares que conviven habitualmente con civiles. El régimen franquista exige una nueva burocracia más incisiva, más reglada y más exigente con las leyes. En octubre de ese mismo año se tramitan las primeras licencias de auto-taxi otorgadas por el Ayuntamiento. Los nuevos permisos cuya obtención se consigue tras un considerable desembolso económico permiten circular por las calles de Valladolid sin sobresaltos. Además para conseguir una licencia debes poseer un vehículo automóvil lo bastante amplio para trasportar viajeros con sus respectivos equipajes. Las infracciones habituales por falta de decoro, robar a los clientes o usurpar usuarios a otros compañeros del gremio se castigan con multas exageradas para la maltrecha economía de la época.

Mucho antes de que la revolución femenina llamara tímidamente a la puerta de la sociedad española, las mujeres que habían perdido su sustento económico en la guerra tuvieron que tomar las riendas de su vida y asumir la situación de desamparo de la nueva sociedad franquista. Para soportar las cargas familiares y sacar adelante a sus retoños, muchas fueron las señoras que, bien perteneciendo a buenas familias propietarias de algún automóvil, bien por no tener recursos y reunir con sumo esfuerzo el dinero de sus parientes, adquirieron una licencia de taxi como única salida digna a la pobreza. La mayoría de aquellas mujeres llegaron a jubilarse en los años sesenta y sus hijos heredaron la profesión. Una década después, las mujeres taxistas habían desaparecido casi por completo de las calles de Valladolid.
Autobús Empresa Carrión. Línea 5 – Plaza Mayor – Rubia. Últimos década de los 50.
AMVA: Asociación de la prensa. F 00242 – 001


Con la desaparición del tranvía y el retiro de todo el entramado viario en 1955, la flota de autobuses del Ayuntamiento asume los desplazamientos urbanos. En 1956, la capital contaba ya con tres líneas fijas y sus recorridos se mantuvieron imperturbables durante décadas.

1. Delicias – Fuente Dorada – Barrio de la Victoria
2. Bombilla – Fuente Dorada – Barrio Girón
3. Poniente – Estación del Norte – Puente Colgante

 

Fuentes:
ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID. Mi ciudad en los documentos. Valladolid siglo XX. Ayuntamiento de Valladolid, 2011.
Varios expedientes en Archivo Municipal de Valladolid.

Imágenes:
Tranvía de tracción animal. Calle Santiago. Década de 1900. AMVA: Colección Gilardi.  G 012
Vista de la Avenida de Alfonso XIII con tranvía. (Acera Recoletos). Década de 1910. AMVA: Fotografías del Archivo. PR 044
Dos personas junto a un taxi. 1935/36. AMVA: Colección Ulises Asimov (seudónimo). UA 0061
Autobús Empresa Carrión. Línea 5 – Plaza Mayor – Rubia. Últimos década de los 50. AMVA: Asociación de la prensa. F 00242 – 001

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La niña del siglo XX

A comienzos del presente siglo, la esperanza de la sociedad en el ser humano había sido alentada por lo últimos acontecimientos del siglo XX. La Guerra Fría había terminado y el mundo corría esperando la nueva era con ilusiones renovadas. Con los atentados de septiembre de 2001 en Nueva York tomamos conciencia que el siglo XXI no iba a ser como pensábamos, quizá por intuir un desagradable y nuevo orden mundial.

Los deseos de progreso son siempre inherentes a la naturaleza humana. Cuando abandonamos un año en el que no nos ha ido como pensábamos desprendemos un pesimismo difícil de disimular, sin embargo, cuando comenzamos el siguiente, nos arrolla el positivismo y, sin remedio, intentamos cumplir las premisas universales de que “todo tiempo pasado fue peor” y de que “todo puede ir a mejor”.

Al igual que nosotros, la sociedad decimonónica vivió el tránsito al siglo XX con verdaderas expectativas de cambio. El pesimismo de la época, alentado por la reciente pérdida de las colonias americanas consideradas el último bastión del descalabrado honor del imperio español, se impone sin remedio en la población generando un profundo malestar que aunado con los grandes males endémicos del país anhela un siglo XX que olvide lo más rápido posible el desgraciado pasado inmediato.

Valladolid pretende entonces dotar de un carácter festivo el comienzo del siglo. Es una de las primeras Nocheviejas con actos solemnes, se decoran los edificios públicos y se propone a los ciudadanos que hagan lo mismo con sus casas. La caridad también se impone y el 1 de enero de 1901, el Ayuntamiento de Valladolid ofrece una comida a los necesitados, es decir, a los pobres del Asilo y a los de San Vicente de Paúl.

En la línea de conmemorar la entrada al siglo del progreso, el Ayuntamiento de Valladolid decide apadrinar al primer recién nacido vallisoletano. Poco tiene que esperar, solo quince minutos pasados de las doce del primero de año. En la calle Mantería ha nacido Margarita Manuela Carbajosa Cubero.
“La niña del siglo” como se acuñó en la prensa, tenía un padre jornalero que permanecía parado debido al invierno. El Ayuntamiento dotó con 250 pesetas a la familia y ofreció al padre un puesto en la plantilla municipal. También se ofreció a cargar con los gastos de la pequeña durante al menos, diez años. Manutención, vestido y educación en el colegio de las dominicas francesas de la calle Santiago correrían a cargo del erario público.

El expediente que guarda el Archivo Municipal acerca de este nacimiento contiene un ripio que cuenta cómo se solemnizó el nacimiento de “la niña del siglo”. Es muy interesante porque, además de las autoridades, grupos de músicos amenizaron la marcha.

Expediente relativo al nacimiento de la niña Margarita Manuela Carbajosa Cubero, nacida a las doce y quince minutos del día 1 de enero de 1900. Fragmento. AMVA. Informes Secretaría. Caja 739 – 25.

Fuentes:
ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID: Mi ciudad en los documentos. Valladolid siglo XX. Ayuntamiento de Valladolid, 2011.
AMVA: C. 739 – 25

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Leopoldo Cano, el rostro de un poeta

Caminando por uno de los paseos principales de los históricos jardines del Campo Grande nos topamos con un busto caricaturesco sobre un pedestal en un pequeño parterre. El representado no es otro que el insigne poeta vallisoletano Leopoldo Cano y Masas, escritor vinculado al realismo social fallecido en 1934.

Busto de Leopoldo Cano. Detalle. Colección particular.

Valladolid desea honrar la memoria de uno de sus exponentes culturales y convoca un concurso público para erigir un monumento al escritor. Emiliano Barral es el encargado de ejecutar la obra y diseña un conjunto escultórico alegórico vinculado a la obra del autor. Por desgracia, Emiliano Barral se topó con la oposición del público que no supo ver su genio y el Ayuntamiento retiró su obra en 1935.

Tras este éxito frustrado del Consistorio, se convoca un nuevo concurso al que solo concurren artistas vallisoletanos. Para asegurarse y no caer en el mismo error, se descarta la alegoría y se busca erigir un busto realista, acorde con la tradición decimonónica presente todavía en la sociedad provinciana de la época.

Juan José Moreno, más conocido como “Cheché” es el responsable de levantar el nuevo monumento a la memoria de Leopoldo Cano. Con un presupuesto más bien bajo – unas 2.500 pesetas –,  este dibujante e ilustrador de diarios escolares ejecuta su primera obra escultórica.

Mediante la caricatura, campo por el que se mueve su profesión, diseña una cabeza a la manera de los chistes gráficos de la prensa de los años treinta. Los materiales son los habituales en la tradición escultórica, el cobre galvánico para el busto y la piedra caliza para el pedestal. En marzo de 1936, se ubica en la Plaza de la Libertad aunque pronto es trasladado al Paseo del Príncipe del Campo Grande.

“Cheché” presenta al Ayuntamiento el 1 de noviembre de 1935 el proyecto para levantar el monumento a la memoria de Leopoldo Cano. Según las palabras del primerizo escultor, unos breves apuntes a carboncillo ofrecen  “una ligera idea de cómo pueda ser el efecto de busto-retrato del eximio poeta”. 

BOCETOS, por JUAN JOSÉ MORENO “Cheché” 
(firma en ángulo inferior derecho)

 

El gusto del artista por la caricatura se advierte en la nariz ganchuda, el bigote prominente y el interés por mostrar las profundas arrugas del rostro en la búsqueda del retrato psicológico. A pesar de ello, “Cheché” asegura que la representación de don Leopoldo es fidedigna porque asegura estar “al habla con don Alfonso Cano, hijo del gran poeta”.

Entre los artistas vallisoletanos que concurrieron al concurso y tuvieron la mala suerte de ser rechazados, se encuentran escultores que años después ganarían cierto nombre como Angel Trapote Mateo, profesor durante décadas de la Academia de Artes y Oficios de La Coruña y miembro además de la Real Academia de Nuestra Señora del Rosario, su hermano Crispín o Antonio Vaquero Agudo, que tras una dilatada carrera, llegó a dirigir la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y consiguió ser miembro de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid.
 
Fuentes:
CANO DE GARDOQUI GARCÍA, José Luis. “Escultura pública en la ciudad de Valladolid”, Ayuntamiento de Valladolid, 2000
AMVA: C. 379 – 23
Fotografía.  Colección particular

Publicado en 1936, bocetos, campo grande, Cheché, Emiliano Barral, Jose, Leopoldo Cano, libertad, Llebre, Moreno, príncipe | 4 comentarios

Pases centenarios

Unos tickets conservados no en muy buenas condiciones son los protagonistas de esta breve entrada. Procedentes de mi colección personal de “cosas viejas” que inicié siendo adolescente y que continúo, he considerado sacar a la luz unos fajos de entradas no vendidas que conservo y que dada la temática de estas líneas he decidido reproducir por su antigüedad.

Con la friolera de más de un siglo, las entradas aquí mostradas pertenecen al Teatro Zorrilla y fueron adquiridas por mí gracias a una donación particular hace más o menos quince años.

Las entradas corresponden a un periodo muy concreto, los últimos años de la primera década del siglo XX. Esta es la época de las comedias populares en todas sus modalidades y del drama burgués arrastrado del XIX. El cinematógrafo se impone también en esta década en las principales ciudades españolas.

Entrada de Cine. Cinematógrafo Imperial – Teatro Zorrilla.
Imágenes. Colección particular.
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CIPCV, una ONCE primitiva

Vista parcial con peatones y autobús al fondo. Calle López Gomez. Edificios desaparecidos: Escuela Municipal y sede de los ciegos. Década de 1970. AMVA: Asociación de Prensa. F 00695 – 016

El Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos fue una institución sostenida por el Ayuntamiento que surgió en los treinta al amparo de la II República. La nueva Ley de Asociaciones abrió el camino para la formación de entidades benéficas. Hasta entonces, tanto en el primer tercio del siglo XX como en las últimas décadas del siglo XIX, invidentes y sordos habían dependido casi exclusivamente de personas filantrópicas y de órdenes religiosas de caridad. Con las iniciativas populares republicanas la situación cambia y nacen organizaciones de carácter asociativo dependientes de los ayuntamientos locales.

En el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza del 31 de octubre de 1934, A.M. Milhau afirma que en España existen alrededor de 30.000 ciegos. Aunque la mayor parte reside en Madrid y Barcelona, en muchas poblaciones se les da educación, protección y cobijo a través de entidades privadas y públicas. Valladolid inicia su propuesta municipal con el Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos como hacen también las ciudades de Alicante, Oviedo, Palma, Coruña, Vigo o Sevilla. Estos lugares con sus respectivas instituciones años después, se agrupan bajo una única organización llamada ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles) que da uniformidad estatutaria y legal en 1938, en plena Guerra Civil y desde el Gobierno Provisional de Burgos, capital entonces del Bando Nacional.

Una de las señas de identidad que supone el compromiso con los discapacitados de la ONCE es la existencia del cupón pro-ciegos. Antes de su formación como organización, se suceden rifas benéficas en un plano local para apoyar la autonomía y la mejora de condiciones de los invidentes en poblaciones como Alicante en 1903, Murcia (1919), Cartagena (1918), Almería (1921), Alcoy (1926), Madrid, Valencia y Zaragoza (1933) y Cádiz, Córdoba, Sevilla, Barcelona y Valladolid en 1934.

El Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos tiene su origen en el año 1934 aunque en la década anterior existió también un colegio para sordomudos y ciegos. Tras su constitución como asociación, el nuevo centro recibe la visita de don Juan Antonio Quintana, alcalde de Valladolid, que brinda al proyecto su ayuda y protección.

El presidente de la asociación, sabiendo del apoyo del alcalde a este grupo, remite un texto al Ayuntamiento solicitando un cambio de instalaciones a un emplazamiento público porque el lugar actual en la calle Duque de Lerma 1 resulta totalmente inadecuado para las funciones de la asociación. En palabras de su presidente, el Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos  se inicia por unos cuantos privados de vista que se han dado cuenta de la situación lamentable de gran parte de sus compañeros de infortunio, que tiene como fines fundamentales la educación, instrucción y mejora social de sus asociados, mediante la implantación de actividades asequibles a los ciegos, que les permitan emanciparse de la oprobiosa mendicidad.

Tras tratar el asunto en sesión ordinaria, el Ayuntamiento solicita que la asociación adjunte los detalles necesarios para conseguir los locales destinados a estos fines. El Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos como asegura en comunicación del 7 de agosto, cuenta con cincuenta socios activos y elabora la relación solicitada para lograr la cultura y mejora social de los ciegos de esta ciudad. Los locales son los siguientes:

Uno para Secretaría
Uno para administración del cupón pro-ciegos
Uno para biblioteca-archivo
Uno para sala de lectura
Uno para clase de lectura
Uno para clase de música
Uno para enseñanza general
Uno para recreo y reuniones generales,
Además, si es posible, vivienda para el conserje.

Al informe de la asociación, don Juan Antonio Quintana no ve impedimentos para cambiar la ubicación a otro lugar más adecuado y ordena, en un breve apunte a lápiz, que se disponga de las habitaciones utilizadas por las monjas.

Casi inmediatamente, la sede del Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos pasó al número 23 de la calle Núñez de Arce, esquina con la calle López Gómez, lugar que ocupó el antiguo local de la Cruz Roja y la antigua sede del viejo Ayuntamiento(1).

Gracias a los expedientes de fechas posteriores relacionados con la nueva ubicación hemos trazado la vida útil en Núñez de Arce hasta los años setenta y hemos conocido la existencia de un permiso de obras otorgado a Pablo Lago para acometer reformas en 1936. Durante el régimen franquista el Centro Instructivo y Protector de Ciegos Vallisoletanos cambió de denominación tomando el sencillo nombre de Asociación de Ciegos.

Notas:
(1) La numeración de las calles citadas no responde a la numeración actual. Los cambios urbanísticos así como el lógico derribo y construcción de viviendas han provocado que los datos referidos no se ajusten con la numeración real de la calle.

Fuentes:
MILHAU, A.M., (31/10/1934), Impresión sobre la situación de los ciegos en España (I), Boletín de la Institución Libre de Enseñanza
VENTAJAS DOTE, Fernando y POZO FERNÁNDEZ, María del Campo, (2009). Contribución a la Historia de la Educación Especial en Málaga (II): la atención a las personas ciegas en la década de 1930. El largo camino hacia una educación inclusiva: la educación especial y social del siglo XIX a nuestros días : XV Coloquio de Historia de la Educación, Pamplona-Iruñea, 29, 30 de junio y 1 de julio de 2009
AMVA: CH 325 – 19
AMVA: C. 50818 – 102

Fotografías
AMVA:Vista parcial con peatones y autobús al fondo. Edificios desaparecidos: Escuela Municipal y sede de los ciegos. Década de 1970. Asociación de Prensa. F 00695 – 016

 

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El último viaje de José Zorrilla (II)

En la entrada anterior se hizo referencia al traslado de los restos de José Zorrilla desde Madrid a Valladolid en mayo de 1896. En aquellas fechas, las muestras de júbilo por la presencia de la comitiva fúnebre en suelo vallisoletano tomaron múltiples formas y se sucedieron, como se ha recogido en los fragmentos de las crónicas reproducidas en el blog, por todo el recorrido. Desde el Campo Grande hasta el Cementerio del Carmen, lugar donde descansaría para siempre el ilustre escritor, las flores, los aplausos y varias bandas de música amenizaron  el desfile fúnebre.

Los diferentes corresponsales de la época que se hacen eco de lo que ocurre en Valladolid en estos días nos hablan de piquetes musicales a la llegada del féretro a la Estación del Norte como recibimiento a las autoridades venidas de la capital, también describen cómo las marchas son ejecutadas con maestría por las bandas de música militares y nos cuentan cómo de elocuentes son los discursos fúnebres declamados por las más altas personalidades que forman el amplio abanico cultural de Valladolid.

El tres de mayo de 1896, Valladolid es sometida a una maravillosa explosión popular. Las clases sociales, demasiado diferenciadas en una sociedad de provincias de últimos del siglo XIX, se entremezclan diluyendo diferencias para honrar los restos del poeta. Las bandas y regimientos acompañan la abultada comitiva fúnebre e interpretan, siempre con maestría según las crónicas, diferentes marchas militares e himnos alternados con efusivos ripios espontáneos.

Aunque los funerales de don José Zorrilla en su ciudad natal son cubiertos por los diarios de distantes puntos geográficos, los enviados a cubrir el acontecimiento no consideran mencionar en sus artículos los títulos de las piezas musicales que sonaron aquel día. Al igual que la arquitectura floral y las guirnaldas que engalanan las calles, la música se pierde en los recuerdos de los asistentes, desconociendo así el nutrido programa que sabemos que se interpretó por las calles de Valladolid.

Afortunadamente el Archivo Municipal de la ciudad conserva una pieza musical interpretada en el traslado del féretro al histórico cementerio del Carmen el 3 de mayo de 1896. Se trata del Himno a Zorrilla cuyo contenido es hoy inédito y desde estas líneas hago público.

Partitura. Hoja inicial. Himno a Zorrilla de José Aparicio.
AMVA. C. 72 – 6

Según reza por parte de sus autores, el Himno a Zorrilla está “escrito expresamente para ejecutarle en el acto de la traslación de los restos de tan eminente poeta y dedicado por sus autores al Excmo. Ayuntamiento de Valladolid”.

La composición se debe al fruto de una colaboración entre un escritor y un músico. Es un himno por lo que atiende a criterios no solo musicales sino también literarios. Así, nos encontramos al periodista de El Norte de Castilla Darío Velao escribiendo la letra y al músico José Aparicio orquestando los versos.

Sin crítica alguna hacia la pieza, el Himno a Zorrilla no es otra cosa que una marcha de carácter festivo lastrada, desde la perspectiva actual, con un lenguaje ampuloso característico de los últimos años del siglo XIX. Adivinamos un interés desmesurado por las grandes gestas y un gusto increíble por las referencias mitológicas, notas propias y habituales en los panegíricos de la época.

Himno a Zorrilla dedicado al Exmo. Ayuntamiento de Valladolid. 
Letra de Darío Velao

El pueblo con laureles ciñó tu augusta frente,
jamás en tus dominios se puso el claro sol,
que fue tu patria el mundo, tú el astro refulgente,
tus mágicos cantares de dichas arrebol.

Mas hoy que huiste, buscando el cielo,
mueren las flores en el pensil,
y no hay colores en la enramada
ni hay poesía rica y gentil.

Al eco de tu lira los gnomos evocados
dejaron las mansiones del árabe Almanzor,
los lides y los Reyes de gloria coronados
contaron sus hazañas, narrando su valor.

Y hoy que abandonas el vano mundo
tristes los gnomos llorando van,
y allá en las ramas de los rosales
sepulcro al vate, tejiendo están.

Como hoja que se pierde, cual lirio que se inclina
el vate ante la muerte sus láuros abatió,
y en las alas de otros genios la musa peregrina
por célicas mansiones la tierra abandonó.

Y, allá, bogando tras de las nubes
pulsa su lira, cabe el edén
y el eco armónico de sus cantares
sobre los astros reina también.

No está su tumba en tierra, ni en tierra está su aliento,
ni alumbra su sepulcro la antorcha funeral,
ni tiene una corona bastante a su talento
ni historia que le copie tan grande y tan genial.

Ya está en el cielo, donde sus trovas
de los querubes envidia son
y las rosadas albas de mayo
perfumes hallan en su canción.

Su aliento son las brisas, las flores son su fosa,
la antorcha de su trono se suple con el sol,
corona es de su tumba la aurora más hermosa
¡su historia!… ¡no hace falta! … Zorrilla fue español.

¡Bendita seas patria querida
que en él te fundes, pensando en él;
bendita siempre, que así le adoras
su fosa orlando de oro y laurel!

Fuentes.
AMVA. C. 72 – 6

Publicado en 1896, Darío Velao, himno, José Aparicio, José Zorrilla, mayo, Norte de Castilla | Deja un comentario

El último viaje de José Zorrilla

JOSÉ ZORRILLA EN SUS MOCEDADES. DE UN RETRATO QUE SE SUPONE HECHO POR EL PINTOR D. ANTONIO MARÍA ESQUIVEL. La Ilustración Española y Americana. 30/01/1893
 Seas turista, inmigrante o nativo caerás en la cuenta de que Valladolid es un perpetuo homenaje a personajes que desarrollaron parte de sus vidas en la ciudad. Placas conmemorativas en vetustas moradas, bustos caricaturescos, figuras realistas que parecen acompañar nuestro paso en parques, plazas y jardines, calles con nombres de eminencias locales salpican de múltiples y sorprendentes biografías el casco histórico vallisoletano.

El peso histórico, algo de lo que se habla con soltura en los tiempos actuales, es una herencia que responde a criterios del siglo XIX. Las valoraciones y revisiones continuas a las que sometemos nuestro pasado más directo, van encaminadas a forjar la identidad y el carácter de la sociedad. Así, con la admiración y el reconocimiento profesado hacia el pasado, podemos identificarnos como pueblo siempre que recreemos la historia mediante hazañas bélicas, políticas, ideológicas, científicas, literarias o artísticas y nos fijemos en sus protagonistas que con sus artes y oficios, contribuyen a identificarnos con ellos y diferenciarnos de los demás.

Bajo esta premisa, Valladolid no puede estar más orgullosa de haber sido la ciudad donde nació don José Zorrilla. Dramaturgo y poeta de éxito a ambos lados del Atlántico, conocido por obras como Don Juan Tenorio o el Panegírico a la muerte de Larra, endeudado como marca la tradición pero disfrutando de las mieles de la fama, muere en 1893 en Madrid y es enterrado en el cementerio de San Justo tras un cortejo fúnebre espectacular por las calles de Madrid.

Tres años después, siguiendo los deseos del escritor, el cuerpo regresa a su ciudad natal para su descanso eterno. El revuelo que se organiza adquiere proporciones inimaginables hasta entonces en Valladolid. En la comitiva fúnebre no sólo participan los prohombres de la villa sino también el pueblo llano. Las clases, tan diferenciadas entonces, se entremezclan para rendir tributo al poeta. Las guirnaldas y las flores copan las calles, los desfiles y las bandas de música amenizan el recorrido del féretro en una carroza tirada por ocho caballos negros con dirección al Cementerio del Carmen.

Son muchos los corresponsales que escriben sus crónicas acerca de los funerales de José Zorrilla en Valladolid, lo cuentan con todo detalle en  sus diarios y los articulillos aparecen diseminados a lo largo y ancho del territorio patrio. Me he permitido reproducir en estas líneas gran parte de ellos en una nueva crónica, procurando ordenar los acontecimientos en sentido cronológico.

 2 y 3 de Mayo de 1896

 EN MADRID
Madrid. Conducción de los restos de Zorrilla a Valladolid. – La comitiva pasando por el Prado. Grabado, por Comba. La Ilustración Española y Americana. 08/05/1896

La exhumación del cadáver de Zorrilla, se hizo como estaba anunciado por la mañana en el patio de Santa Gertrudis del cementerio de San Justo.

La caja, a pesar de llevar tres años y tres meses en tierra, aparecía bastante bien conservada. El cadáver se hallaba muy descompuesto, atribuyéndose este hecho, en gran parte, á no haber sido embalsamado y á las muchas horas que estuvo expuesto al público después del fallecimiento. Se han borrado por completo los rasgos de aquella hermosa cabeza, distinguiéndose solo una masa informe, en la cual se precian algunos mechones de cabello y la perilla. La ropa que vestía el cadáver está bien conservada.

Desde el cementerio fueron conducidos los restos del ilustre poeta al museo Velasco, siendo depositados en una habitación del mismo, tapizada con colgaduras negras. En el salón principal estaban colocadas las coronas, entre las que más se distinguían por su belleza, la ce S. M. la reina, condesa de Guaqui, duquesa de Denia, Ayuntamientos de Valladolid, Valencia y Madrid, Diputación provincial de Valencia, la de la esposa de Zorrilla, Ateneo, Circulo de Bellas Artes, Asociación de la Prensa, Centro del ejército y de la Armada y muchísimas otras que fuera tarea larga mencionar.

La carroza monumental, construida expresamente para la conducción de los restos de Zorrilla, representa un catafalco con cuatro pebeteros a los lados. Delante, la figura de España sentada sobre un león llora la muerte de su poeta, cubriendo el rojo manto con un crespón. En la parte de detrás hay un busto de Zorrilla al que un ángel coloca una corona de laurel. Iba tirada por ocho caballos con gualdrapas negras.

Cerca de las cinco púsose en marcha la comitiva por el orden siguiente: Una sección de la guardia civil a caballo. Un heraldo á caballo con el pendón de Castilla. Clero parroquial con cruz alzada y después la carroza conduciendo los restos del ilustre vate. En representación del gobierno presidían el duelo los ministros de Marina, Guerra, Ultramar, Hacienda y Fomento, y en nombre de S.M. el duque de Sotomayor, el alcalde de Valladolid, Sr. Vaquero, y la comisión vallisoletana compuesta de los señores Alvarez Taladriz, Santaren, Zaranona, Cabas, Gamazo, Muro, Ferrari, Cano y Barreda.

Seguían en el cortejo representaciones de todas las Academias y sociedades científicas y literarias, comisiones del ejército y de la armada y todos los hombres distinguidos residentes en Madrid.
Numeroso público esperaba en la estación del Norte la llegada de la comitiva fúnebre, la cual llegó al sitio indicado á las 7 próximamente.

Los restos del poeta vallisoletano fueron trasladados á la sala de espera, donde se había erigido un pequeño catafalco. A causa de no haberse tenido en cuenta las dimensiones de los vagones al construirse la carroza, fue preciso quitar los candelabros, el ángel y el busto, y dividir en dos mitades la plataforma sobre la cual aquella había sido construida. El tren fúnebre, partió con una hora y veinte minutos de retraso.

EN VALLADOLID
Valladolid. Traslación de los restos de Zorrilla. – Paseo de la comitiva por el Campo Grande. Fotografía de los Sres. Viuda e Hijos de Fernández, de Valladolid. La Ilustración Española y Americana. 08/05/1896
Después de tener que arreglar varias veces la carroza que conducía los restos del inmortal poeta, porque aquella no podía pasar por los diversos túneles que había en la vía, llegó el tren á la estación de Valladolid cerca de las ocho de la mañana. En la Estación había muchos curiosos. Inmediatamente comenzó a armarse la carroza a la vista del público, resultando diferente que en Madrid.
El ministro de Gracia y Justicia ha sido recibido en la estación por un piquete de infantería con música. En el andén esperaban la llegada del tren, las autoridades y numerosísimo público.
Organizada la comitiva en el Campo Grande, rompióse la marcha, á las dos dé la tarde por entre las filas compactas de la multitud. En el kiosko, la música ejecutaba la marcha triunfal del maestro Llorente.
Detrás del féretro iban los sres. Núñez de Arce, Gamazo, Muro, Ferrari, Cano y Arimón; las comisiones de militares, de la Audiencia, del cabildo y del claustro; los representantes de los periódicos madrileños y numerosísimo público, en el cual figuraba lo más distinguido de la sociedad vallisoletana.
Presidió el duelo el representante de su majestad la reina, señor duque de Sotomayor, el cual tenía a su derecha al general Moltó, y á la izquierda al cardenal Cascajares. Formaban también parte de la comitiva el ministro de Gracia y Justicia señor conde de Tejada de Valdosera, el obispo de Ávila, el gobernador civil, el alcalde y el presidente de la Audiencia. Las calles del tránsito estaban invadidas por inmenso gentío. Todos los balcones de las casas situadas en la carrera lucían magníficas colgaduras.
Abriendo paso iba un piquete de guardia civil y detrás un heraldo a caballo, detrás los niños de las escuelas públicas y privadas y dos músicas. Después de la carroza y de las comisiones iban tres landós y tres carrozas llenas de coronas, y por último, larguísima fila de coches particulares.
EN VALLADOLID. EN EL CEMENTERIO
La Guardia civil impedía a la multitud invadir el cementerio; sin embargo, penetraron en éste más de dos mil personas. El cadáver fue conducido á la fosa, en el lugar donde se construirá el panteón de vallisoletanos ilustres, artísticamente adornado con flores, semejando una hermosa corona rodeando a la sencillísima y artística losa de mármol.
Después de los responsos habló muy conmovido Nuñez de Arce. En sentidísimo discurso, de carácter marcadamente cristiano, dijo que Zorrilla es poeta del siglo; que es grande porque ha sabido adorar al Creador é interpretar los sentimientos de la patria. Después pronunció un discurso el señor Tejada Valdosera, diciendo que el Gobierno se asocia al homenaje al poeta y eleva una plegaria al cielo y un saludo á Valladolid. El alcalde Sr. Concellón pronunció algunas frases agradeciendo al Gobierno y a las comisiones, en nombre del pueblo de Valladolid.
Inmediatamente se colocó la primera piedra del panteón de vallisoletanos ilustres.*
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Panteón de Vallisoletanos Ilustres. Fecha desconocida. AMVA: Asociación de Prensa. ONXZ 00238 – 002
* El Panteón de Vallisoletanos Ilustres se adjudica años después de la muerte de José Zorrilla. El escultor Aurelio Carretero, tras presentarse a concurso, lo construye entre 1898-1902. En este periodo, se traslada a José Zorrilla de forma provisional  a la sepultura de 1ª clase número 15 del cuadro 2, sólo hasta que se concluya el panteón.
José Zorrilla fue el primero que inauguró el Panteón de Vallisoletanos Ilustres del histórico cementerio del Carmen. Miguel Delibes, también un grande de las letras, es el último vecino que descansa junto a Zorrilla desde el año 2010.
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Fuentes.
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica
– Las Baleares : diario republicano. 06/05/1896
– El Isleño : periódico científico, industrial, cultural y literario. 06/05/1896
– El Correo de Gerona : diario independiente de avisos y noticias ilustrado y defensor de los intereses morales y materiales de la provincia. 06/05/1896Biblioteca Digital Hispánica – Biblioteca Nacional Española
– La Correspondencia de España. 04/05/1896
– AMVA. CH 359 – 44Imágenes:
Biblioteca Digital Hispánica – Biblioteca Nacional de España
– Retrato de José Zorrilla. La Ilustración Española y Americana. 30/01/1893
– Grabado Comitiva Madrid.  La Ilustración Española y Americana.08/05/1896
– Fotografía Comitiva Valladolid. La Ilustración Española y Americana. 08/05/1896-AMVa: Panteón de Vallisoletanos Ilustres. Fecha desconocida. Asociación de Prensa.  ONXZ 00238 – 002

Publicado en 1893, 1896, Carmen, cementerio, escritor, funeral, ilustres, Jose, Madrid, panteón, poeta, Tenorio, Valladolid, Velasco, viaje, Zorrilla | Deja un comentario

La Gran Vía que nunca existió

Proyecto de apertura entre la Calle Platería hasta plaza de San Pablo. (No se efectuó) 1935-1936

El casco histórico vallisoletano debe su origen a un urbanismo medieval repleto de calles sinuosas y estrechas en torno a los ríos Esgueva y Pisuerga. Esta estructura urbana fue la habitual en Valladolid hasta el repunte demográfico consecuencia del ferrocarril y del despegue de industrias y negocios que exigían adecuar nuevos espacios a los tiempos de la vida moderna.

Alentada por los ensanches de Castro y Cerdá en Madrid y Barcelona a finales del siglo XIX, la burguesía vallisoletana deseó emular los planteamientos allí proyectados en aras del progreso. Si en 1910 dieron comienzo las obras de la Gran Vía madrileña, Valladolid también debía emular a la capital. Emprendió un ambicioso proyecto que afortunadamente jamás salió de los planos. La Gran Vía de Valladolid quedó frustrada afortunadamente por el levantamiento militar en 1936.

En julio de 1936, el Ayuntamiento republicano presupuestó la nueva avenida en 1.214.000 pesetas pretendiendo unir la plaza de San Pablo con la Calle de la Platería destruyendo así la iglesia del siglo XVI de la Vera Cruz.

Debido a las circunstancias bélicas, el proyecto se desestimó por el nuevo gobierno franquista y en la actualidad disfrutamos de una de las iglesias más imponentes de la ciudad.

Iglesia de la Vera Cruz.(s. XVI) Valladolid

Fuentes.
– ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID. Mi ciudad en los documentos. Valladolid siglo XX. Ayuntamiento de Valladolid, 2011.
– Plano. AMVa: C. 1093 – 1
– Fotografía. Uso público

Publicado en 1910, 1936, cruz, gran, pisuerga, Valladolid, vía, vera, XIX | Deja un comentario

El primer centenario del Sitio de Cádiz (1912)

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AL EXCMO. AYUNTAMIENTO DE VALLADOLID EXCMO. SR.

En la generosa y memorable épica lucha que durante un sexenio sostuvo nuestra nación contra las ambiciones del Coloso del siglo XIX, aparte de innumerables rasgos de heroísmo local y regional, se destaca como privativo del patrio esfuerzo, el sitio del último baluarte de la hispana defensa, en cuyo recinto se echaron los cimientos de nuestra reconstitución jurídica y se proclamó el Código de nuestras modernas libertades. Un siglo va a cumplirse de efeméride tan digna de remembranza eterna. Ciudades y pueblos han ido en esta primer centuria, coronas de laurel a sus héroes y monumentos conmemorativos a sus mártires; la nación entera se ha asociado a tan dignas muestras de tan patriótico sentir.

Mas el glorioso primer centenario que Cádiz pretende celebrar, no es el de una ciudad ni el de un pueblo, ni el de una región; es el de la nación entera, congregada dentro de sus muros, evocada para dar una suprema organización a su defensa, sabias leyes a su derecho de existencia y mantener las internacionales relaciones con los demás pueblos.

En este conjuro que en la isla gaditana hizo el primer Concejo de Regencia, después de disuelta la Suprema Junta Central Gubernativa del reino, a raíz del luctuoso desastre de Ocaña, respondió España entera.

Sabios eclesiásticos, juristas glorias del foro, altas dignidades de la milicia, ilustres escritores todo cuanto significaba y valía, aquí encontró el recinto sagrado desde donde se dictaron leyes, se acopiaron recursos y se pudo hacer posible el dorado sueño de abatir para siempre las imperiales águilas.

Al Centenario de este grandioso hecho histórico nacional, debe también responder la nación entera.

Creada una Junta magna encargada de perpetuar los más salientes rasgos del sitio de erigir el MONUMENTO DE LA CONSTITUCIÓN DE 1812 y de crear el MUSEO ICONOGRÁFICO E HISTÓRICO de los sabios legisladores y caudillos de tan glorioso periodo, la cooperación económica para el logro de estas ideas, empresa es que ha de encontrar de seguro, fecunda coadyuvación en todo español digno y patriota.

Conociendo los altos móviles que inspiran los actos de esa Corporación la invitamos para que se digne cooperar a nuestra labor en la medida que su estado financiero pueda consentir.

Cádiz 26 de Febrero de 1910

  • El Presidente de la Cº. Magna
  • El Presidente de la Cº. Económica
  • El Secretario de la Cº. Magna
  • El Secretario de la Cº. Económica

El 19 de marzo de 1812 se proclamaba en Cádiz la primera constitución española. Inmersos en el contexto de la ocupación francesa, las Cortes reunidas en Cádiz elaboraban un texto constituyente de corte liberal cuyo modelo intentaría perpetuarse en las sucesivas constituciones del siglo XIX y XX.

Su importancia no es solo significativa para España, el texto resultante de las Cortes en 1812 influyó en otros textos constitucionales europeos y, sobre todo, en los países americanos tras los procesos de independencia.

En 1912 se celebró el primer centenario de la proclamación de la Constitución de 1812. Los encargados de los fastos fueron la Comisión del Centenario del Sitio de Cádiz, una institución creada con el doble propósito de perpetuar en el tiempo los valores constitucionales y de gestionar las ayudas de todo el territorio para la celebración del centenario.

En la petición que recibe el Ayuntamiento de Valladolid se insiste en la necesaria colaboración de todos para inmortalizar el Código de nuestras modernas libertades. Con la misiva, la Comisión de Gobierno del Ayuntamiento de Valladolid alcanza pronto un acuerdo con “la idea de conmemorar un grandioso hecho de nuestra historia patria con motivo de su centenario” porque “entiende que la Corporación municipal debe asociarse a este patriótico pensamiento en la medida que consienta el presupuesto vigente”.

Tras el enarbolado sentir patrio de los asistentes, el asunto es trasladado inmediatamente a la Comisión de Presupuestos asegurando que “al formar el [presupuesto] que ha de regir en dicho año, consigne en él, el crédito que considere oportuno a los fines que se indican en la presente comunicación de la Comisión del Centenario de la Constitución de 1812”.

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Monumento a la Constitución de 1812, sito en Plaza de España, Cádiz (1912). Arquitecto: Modesto López Otero / Escultor: Aniceto Marinas

Fuentes.
– AMVa: C.432 – 17
– Fotografías: Uso público

Publicado en 1812, bicentenario, cádiz, centenario, constitución, Fernando VII, pepa, rey, soberano, Valladolid | Deja un comentario

Solo para niños. El parque del Poniente

55ca6-untitled-2Ha quedado prohibido el estacionamiento de parejas en el parque infantil del Poniente. La orden, como se advertirá, tiende a evitar que en un parque destinado exclusivamente a los niños se presencien escenas que la Alcaldía se abstiene de juzgar en el orden moral, pero que, aunque se juzguen con amplitud de criterio, será forzoso reconocer que no pueden tener como marco un parque infantil ni por espectadores a unos adolescentes.
Cupido, que se ha permitido calificar de “absurda”, en un diario local, la antedicha prohibición, puede, por lo demás, buscar otro lugar más adecuado para sus legítimas expansiones. El parque del Poniente, por ahora, es solamente para los niños.

4 de junio de 1934 – Boletín Municipal de Valladolid

Parque infantil del Poniente con las estatuas de Pipo y Pipa. Década de 1930. AMVa. BA C 1-14/14

El primer post de este espacio es para el vetusto Parque del Poniente. Pequeño pulmón en el centro de Valladolid, entre el Ayuntamiento y el Monasterio de San Benito, ocupa el antiguo ramal norte del Esgueva, río articulador del crecimiento urbano de Valladolid. En 1863 el ramal se soterró, el terreno pasó a explanada y posteriormente a parque infantil.

La preocupación de las corporaciones municipales a lo largo del tiempo por mantener el carácter infantil del parque desde su inauguración a finales del siglo XIX ha sido constante. Todos los Ayuntamientos, de cualquier condición y signo político, han velado por el esparcimiento de los más pequeños.

La noticia reproducida pertenece al gobierno republicano socialista de 1934 pero el uso del parque para niños también sobrevive en el franquismo. El régimen multaba a las parejas con duras sanciones administrativas, parejas que aprovechaban la sombra de los árboles para su esparcimiento corrompiendo el uso original del parque de El Poniente.

Con la democracia, otras necesidades acabaron degradando el parque de El Poniente transformándolo en un lugar inseguro en pleno casco urbano. En un intento de recuperación a últimos de siglo se acometió una reforma del espacio que recuperase ese carácter infantil perdido y el tono de parque histórico en el centro de la ciudad.

Alumnos jugando en un tobogán del parque infantil del Poniente. Década de 1930. AMVa. BA C 1-14/15

Fuentes.
– Boletín Municipal de Valladolid. 4 de junio de 1934. Año II. Número 53
– AMVa. Fotografías del Archivo.
* BA C 1-14/14
* BA C 1-14/15

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