El último viaje de José Zorrilla (II)

En la entrada anterior se hizo referencia al traslado de los restos de José Zorrilla desde Madrid a Valladolid en mayo de 1896. En aquellas fechas, las muestras de júbilo por la presencia de la comitiva fúnebre en suelo vallisoletano tomaron múltiples formas y se sucedieron, como se ha recogido en los fragmentos de las crónicas reproducidas en el blog, por todo el recorrido. Desde el Campo Grande hasta el Cementerio del Carmen, lugar donde descansaría para siempre el ilustre escritor, las flores, los aplausos y varias bandas de música amenizaron  el desfile fúnebre.

Los diferentes corresponsales de la época que se hacen eco de lo que ocurre en Valladolid en estos días nos hablan de piquetes musicales a la llegada del féretro a la Estación del Norte como recibimiento a las autoridades venidas de la capital, también describen cómo las marchas son ejecutadas con maestría por las bandas de música militares y nos cuentan cómo de elocuentes son los discursos fúnebres declamados por las más altas personalidades que forman el amplio abanico cultural de Valladolid.

El tres de mayo de 1896, Valladolid es sometida a una maravillosa explosión popular. Las clases sociales, demasiado diferenciadas en una sociedad de provincias de últimos del siglo XIX, se entremezclan diluyendo diferencias para honrar los restos del poeta. Las bandas y regimientos acompañan la abultada comitiva fúnebre e interpretan, siempre con maestría según las crónicas, diferentes marchas militares e himnos alternados con efusivos ripios espontáneos.

Aunque los funerales de don José Zorrilla en su ciudad natal son cubiertos por los diarios de distantes puntos geográficos, los enviados a cubrir el acontecimiento no consideran mencionar en sus artículos los títulos de las piezas musicales que sonaron aquel día. Al igual que la arquitectura floral y las guirnaldas que engalanan las calles, la música se pierde en los recuerdos de los asistentes, desconociendo así el nutrido programa que sabemos que se interpretó por las calles de Valladolid.

Afortunadamente el Archivo Municipal de la ciudad conserva una pieza musical interpretada en el traslado del féretro al histórico cementerio del Carmen el 3 de mayo de 1896. Se trata del Himno a Zorrilla cuyo contenido es hoy inédito y desde estas líneas hago público.

Partitura. Hoja inicial. Himno a Zorrilla de José Aparicio.
AMVA. C. 72 – 6

Según reza por parte de sus autores, el Himno a Zorrilla está “escrito expresamente para ejecutarle en el acto de la traslación de los restos de tan eminente poeta y dedicado por sus autores al Excmo. Ayuntamiento de Valladolid”.

La composición se debe al fruto de una colaboración entre un escritor y un músico. Es un himno por lo que atiende a criterios no solo musicales sino también literarios. Así, nos encontramos al periodista de El Norte de Castilla Darío Velao escribiendo la letra y al músico José Aparicio orquestando los versos.

Sin crítica alguna hacia la pieza, el Himno a Zorrilla no es otra cosa que una marcha de carácter festivo lastrada, desde la perspectiva actual, con un lenguaje ampuloso característico de los últimos años del siglo XIX. Adivinamos un interés desmesurado por las grandes gestas y un gusto increíble por las referencias mitológicas, notas propias y habituales en los panegíricos de la época.

Himno a Zorrilla dedicado al Exmo. Ayuntamiento de Valladolid. 
Letra de Darío Velao

El pueblo con laureles ciñó tu augusta frente,
jamás en tus dominios se puso el claro sol,
que fue tu patria el mundo, tú el astro refulgente,
tus mágicos cantares de dichas arrebol.

Mas hoy que huiste, buscando el cielo,
mueren las flores en el pensil,
y no hay colores en la enramada
ni hay poesía rica y gentil.

Al eco de tu lira los gnomos evocados
dejaron las mansiones del árabe Almanzor,
los lides y los Reyes de gloria coronados
contaron sus hazañas, narrando su valor.

Y hoy que abandonas el vano mundo
tristes los gnomos llorando van,
y allá en las ramas de los rosales
sepulcro al vate, tejiendo están.

Como hoja que se pierde, cual lirio que se inclina
el vate ante la muerte sus láuros abatió,
y en las alas de otros genios la musa peregrina
por célicas mansiones la tierra abandonó.

Y, allá, bogando tras de las nubes
pulsa su lira, cabe el edén
y el eco armónico de sus cantares
sobre los astros reina también.

No está su tumba en tierra, ni en tierra está su aliento,
ni alumbra su sepulcro la antorcha funeral,
ni tiene una corona bastante a su talento
ni historia que le copie tan grande y tan genial.

Ya está en el cielo, donde sus trovas
de los querubes envidia son
y las rosadas albas de mayo
perfumes hallan en su canción.

Su aliento son las brisas, las flores son su fosa,
la antorcha de su trono se suple con el sol,
corona es de su tumba la aurora más hermosa
¡su historia!… ¡no hace falta! … Zorrilla fue español.

¡Bendita seas patria querida
que en él te fundes, pensando en él;
bendita siempre, que así le adoras
su fosa orlando de oro y laurel!

Fuentes.
AMVA. C. 72 – 6

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Acerca de Carlos Sáez Salceda

¡¡Hola!! Me llamo Carlos y una vez me licencié en esa carrera tan entraña como es Historia del Arte y lo hice nada menos que en Valladolid. Másteres posteriores, cursos y aficiones marcan mi trayectoria vital que se mueve en torno a la docencia, la archivística y el cine.
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